Rincón del Poeta

CARTA DE UN PADRE A SU HIJO, ANTES DE CONFIRMARSE

Querido Hijo

Cuando tuve tu edad mis problemas eran menores y todas las noches le pedía a Dios que me ayude, le pedía que me dé fuerzas, le pedía la mejor voluntad y sobre todo le pedía por la gente que quería. Han pasado más de treinta años y como dice el poeta Cavafis, la imagen se repite, mientras más me alejo de las edades, me veo ante un largo camino de velas consumidas, que antes brillaron implacables y gigantes, y ahora lucen deslucidas y pequeñas. Así es la vida con sus fortunas y adversidades. El presente le da una dimensión que el pasado se encarga de gastarlo hasta quedar una pequeña llama en el fondo de nuestro corazón. Mi vida es un camino sostenido por pequeñas llamas, que se encienden cada vez que quiero ser feliz.

No sé cómo, pero desde ese entonces, el rezo, siempre me ha dado buenos resultados y busco señales, mensajes que me digan, cómo reaccionar ante un problema, ante una mala propuesta, ante el olvido de mis principios. Creo que en el fondo lo único que le pido a Dios es que me haga una buena persona, una persona que haga el bien, una persona que viva en la verdad. No creas hijo, aceptar eso es muy difícil porque la gente suele sacar provecho de ello, incluso supe que me exponía a que me marginen por no hacer lo que la gente hace, por no drogarme, por ejemplo, por no hacerme agradable a sus gustos, a sus caprichos, a lo que dicen es lo más paja, lo más bacán, lo que a veces tienes que hacer por compromiso.

Muchas veces me quedé solo, mientras mis amigos la pasaban bien, las puertas se me cerraban, los teléfonos no respondían. Era entonces cuando salía a caminar a cualquier hora del día o de la noche, horas de horas, haciendo historias, imaginándome feliz rodeado de amigos, abrazado de la chica que me gustaba, alucinaba harto, creaba diálogos insólitos, diálogos románticos, escenas casi cinematográficas, no sabes cómo me emocionaba, es más, terminaba apurando el paso para llegar a casa para acostarme y seguir soñando, me dormía feliz creyendo que todo era posible, que mis sueños podían hacerse realidad.

No sabes cómo me han ayudado a vivir mis sueños, si no fuera por ellos creo que hubiese sido una persona sin sentido, resentida e invisible.

En realidad, no sé por qué te cuento esto, quizá porque me haces acordar cuando tuve tu edad, quizá porque ahora mis sueños se sostienen en ustedes, en las personas que amo, porque muchas veces parece que los sueños se agotan y cuando me encuentro sin esa maravillosa posibilidad, no hago más que reconfortarme pensado en que ustedes también tienen sus sueños propios y no hago más que arrimarme a ellos, porque para mí siempre será una suerte de continuidad.

Estás en una edad en que las decisiones son importantes, ya que estás expuesto a la dinámica social del consumo, de la diversión, de la movilidad sorprendente, de la magia del amor y los enamoramientos, de los hallazgos impredecibles y de la mecánica de la apariencia.

Ahora que  soy un cincuentón puedo decir, con cierta autoridad, que todo lo anterior no ha cambiado, las mismas situaciones siguen dándose, tal vez en mayor o menor grado, pero que en esencia es lo mismo, podemos ser protagonistas o simples observadores, lo cierto es que en esos momentos pones a prueba tus sueños. En esos momentos, la ilusión de pensar se puede ver resquebrajada y todo se convierte en duda, todo pende de aquello que sólo tú y nadie más lo tiene, que son los principios y el orgullo de todas aquellas personas que te precedieron en el afán de hacer el bien.

Alguna vez has escuchado que te digo “papá” y créeme que lo hago porque sé que en poco tiempo se invertirán los papeles, tanto el rol del hijo como del padre son casi siempre ser el padre que se siente hijo y el hijo que se siente padre. Este intercambio de roles, obedece a que nunca terminamos de aprender a ser padres como nunca terminamos de aprender a ser hijos.

Querido hijo, así como veo apagarse lentamente las velas de la vida, veo encenderse en ti velas hermosas, firmes y brillantes, cómo no me voy a sentir orgulloso de eso porque sé que tarde o temprano sólo quedarán tus velas, las veré siempre desde el lugar donde me encuentre, desde la familia, el hogar y el amor a la vida.

                                      Te ama por siempre

                                              Tu papá     

                                                   

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