MEDITACIONES

Alimenta tu espíritu y tu salma con estas reflexiones, tomate un tiempo para ello.

  • ¿Quieres hablar con Dios?
  • Y dijo Dios
  • Dios existe
  • ¿Para que la misa?
  • El peso de tu Cruz
  • Se vende casa
¿QUIERES HABLAR CON DIOS?

Cada día resulta más fácil comunicarse con los hombres; pero, ¿y con Dios?.

Aquí tienes ocho reglas para llamarle y contar con Él, cuando desees:

  1. Marca el prefijo correcto. No a lo loco.
  2. Una conversación telefónica con Dios no es un monólogo. No hables sin parar, escucha al que habla al otro lado.
  3. Si la conversación se interrumpe, comprueba si has sido tú el causante del corte.
  4. No adoptes la costumbre de llamar sólo en casos de urgencia. Eso no es trato de amigos.
  5. No seas tacaño. No llames sólo a las horas de "tarifa reducida", es decir, cuando toca o en fines de semana. Una llamada breve en cualquier momento del día sería ideal.
  6. Las llamadas son gratuitas y no pagan impuestos.
  7. No olvides decirle a Dios que te deje en el contestador todos los mensajes que quiera y cuando quiera.
  8. Toma nota de las indicaciones que Él te diga para que no las eches en olvido.

Si a pesar del cumplimiento de estas reglas la comunicación se torna difícil, dirígete con toda confianza a las oficinas del Espíritu Santo. Él restablecerá la comunicación.Si tu teléfono no funciona, llévalo al taller de reparación que lleva por nombre "Sacramento del Perdón". Allí todas las reparaciones son gratuitas y tienen una garantía de por vida.

 Y Dios Dijo

Si nadie te ama, mi alegría es amarte.
Si lloras, estoy deseando consolarte.
Si eres débil, te daré mi fuerza y mi alegría.
Si nadie te necesita, yo te busco.
Si eres inútil, yo no puedo prescindir de ti.
Si estás vacío, mi ternura te colmará.
Si tienes miedo, te llevo en mis brazos.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, vengo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
Si estás cansado, soy tu descanso.
Si pecas, soy tu perdón.
Si me hablas, trátame de tú.
Si me pides, soy don para ti.
Si me necesitas, te digo: estoy aquí dentro de ti.
Si te resistes, no quiero que hagas nada a la fuerza.
Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
Si eres infiel, yo soy fiel contigo.
Si quieres hablar, yo te escucho siempre.
Si me miras, verás la verdad en tu corazón.
Si estás en prisión , te voy a visitar y liberar.
Si te marchas, no quiero que guardes las apariencias.
Si piensas que soy tu rival, no quiero quedar por encima de ti
Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño.
Si estás excluido, yo soy afiliado.
Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.
Si no tienes a nadie, me tienes a mí.
Si eres silencio, mi palabra habitará en tu corazón.

DIOS EXISTE

Un hombre fue a una barbería a cortarse el pelo y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que le atendía.

Hablaban de muchas cosas y tocaron varios temas. De pronto tocaron el tema de Dios. El barbero dijo:

Fíjese caballero, que yo no creo que Dios exista, como usted dice...

- ¿Pero?, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente

 Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, ¿habrían tantos enfermos?, ¿habría niños abandonados?. Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, observó en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo. Al parecer, hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.

Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

- ¿Sabe una cosa? los barberos no existen . . .

- ¿Cómo que no existen? - preguntó el barbero - Si aquí estoy yo, y soy barbero.

- ¡No! - dijo el cliente - No existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

- Ahh, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.

- ¡Exacto! - dijo el cliente - ese es el punto, Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria...

¿PARA QUÉ LA MISA?

Un viernes de hace dos mil años, un hombre sin pecado ofreció su vida, su sangre y su muerte en un gesto de suprema obediencia dictada por el amor. Aquel hombre era el Hijo de Dios, y porque era perfectamente santo, el Padre le abrió los brazos y lo resucitó en la gloria. Mediante su sacrificio, la humanidad entera entró en la vida eterna de Dios. Es el sacrificio de Cristo que nos salva, pero Dios nos respeta tanto que no quiere salvarnos sin nosotros: es necesario que nosotros nos ofrezcamos junto a Jesús. Y para esto está la misa, que es la permanencia de su sacrificio. La misa es una presencia, una nueva presencia, un nuevo presentarse Cristo en su único acto redentor; es un hacer presente aquí y ahora el sacrificio del calvario que llega a ser una realidad de nuestro tiempo, de nuestra parroquia, de nuestra vida. Por esto es necesario ir con alegría y reconocimiento.

Es preciso ir con los propios pies, mientras se puede; con la propia boca y con el propio corazón para comer el fruto de la vida. "Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré en el último día" (Jn 6.54).

EL PESO DE TU CRUZ

Un joven, ya no podía más con sus problemas. Cayó de rodillas, rezando:
"Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada".

El Señor, como siempre, acudió y le contestó: "Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después, abre esa otra puerta y escoge la cruz que tú quieras".

El joven suspiró aliviado. "Gracias, Señor", dijo, e hizo lo que le había dicho.

Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba. Después, vio una pequeña cruz apoyada en un extremo de la pared.
"Señor", susurró, "quisiera esa que está allá", dijo señalándola. Y el Señor contestó: "Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar".

Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, siempre es útil mirar a nuestro alrededor y ver las cosas con las que se enfrentan los demás. Verás que debes considerarte más afortunado de lo que te imaginas. Cualquiera que sea tu cruz, cualquiera que sea tu dolor, siempre brillará el sol después de la lluvia.

¡Ninguna cruz es pesada cuando es Jesús quien te ayuda a cargarla!

SE VENDE CASA

Un señor se encontró cierto día en la calle a su amigo el gran poeta Olavo Bilac y le dijo:
- Sr. Bilac, necesito vender mi casa, que Ud. bien conoce. ¿Podría redactar el aviso para el diario?
Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió:
"Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un lindo riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en la terraza."

Algunos meses después, el poeta se encontró con el señor y le preguntó si ya había vendido su casa.
-No pensé más en eso, dijo el hombre. Después de leer el aviso, me dí cuenta de la maravilla que tenía.
A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y vamos tras falsos tesoros. Debemos valorar lo que tenemos y que nos fue dado gratuitamente por Dios: la salud, los amigos, el empleo, el conocimiento que adquirimos, la sonrisa de los niños y el cariño de esa persona especial.
Estos sí son verdaderos tesoros
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Fecha de Actualización: 13/04/2009 12:58:10